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lunes, 8 de abril de 2019

Video Cali en 1935



Excelente video recuperado por Patrimonio fílmico colombiano.

miércoles, 31 de enero de 2018

Fotos antiguas de Cali (Principio del siglo 20).

Casas barrio Granada, contiguas al batallón Pichincha.
Batallón Pichincha
Avenida Colombia, junio 9 de 1916
Antiguo puente Santa Rosa, Cali
Antigua casa "Villa María" demolida para construir el "Palacio Rosa"

Así era Cali (1940 / 1950)

Autor: José David Tenorio


En días pasados, en la sala de espera de un consultorio odontológico tuve la oportunidad de ojear un hermoso libro de gran formato, tapa dura, fotografías a todo color y textos bilingües, llamado “Así es Cali”. Durante un rato pude recorrer parte de su contenido y casi descubrir una ciudad que ahora  desconozco al punto de no poder identificar muchos de los lugares retratados desde el aire.
Me vino a la memoria lo que me dijo, hará veinte años, un francés, directivo de una multinacional, que había vivido aquí y retornado al cabo de los años : “esta ciudad está creciendo como los hongos”. Con lo que significaba un gran desarrollo urbano, pero desordenado (¿qué tal que la viera como está hoy? ¿ Con qué la compararía) . Pero también al ver las imágenes de ese libro me hizo retrotraer a mi infancia y juventud y traerme los recuerdos de esa Cali que se fue.
Si en 1950  a duras penas, alcanzaba los doscientos ochenta mil habitantes, cuántos menos en 1940.  Primer impacto frente a los dos millones setecientos mil de ahora. Antes desordenada; ahora caótica.
En esa década empezaron  a consolidarse los barrios al otro lado del río, primero el Granada y luego el Centenario. Y  al final, Versalles, en donde se abrió la Clínica de Occidente, la segunda privada después de la Garcés fundada en los veintes. Se conservaron casi la totalidad de las casonas de la zona céntrica que venían desde la colonia y al barrio popular de San Nicolás (conocido durante la colonia como “El Vallano”) se agregaron El Calvario, San Pascual, Sucre, Belalcazar, Obrero. Y para los obreros del Ferrocarril, La Campiña a continuación de los talleres de Chipichape. Y hacia el sur la compañía gringa había organizado en los treinta  el barrio de San Fernando (San Fernando Viejo) que quedaba extramuros de la ciudad.
Eran pocos los edificios. En el marco de la plaza de Caycedo solo estaban el Edificio Otero, el Palacio Nacional , el Episcopal ( construido por monseñor Luis Adriano Díaz, segundo obispo de Cali), y el edificio Hormaza en la esquina de la carrera 5ª con calle 11,  y, por supuesto la Catedral. También el edificio Pielroja y el edificio Garcés. Otro el edificio Calero en la esquina de la carrera 6ª con la calle 9ª  (calle de por medio con la Torre Mudéjar). Y, finalizando los 40 el edificio del Hotel Columbus que luego se incorporó al complejo del Hotel Aristi. Igualmente estaban los teatros Municipal y Jorge Isaac. Iglesias fuera de la catedral, San Francisco con su convento de San Joaquín, La Merced, la Capilla de San Antonio, San Nicolás y la Ermita. Y la capillita de El Carmen, anexa al convento de las Carmelitas Descalzas de la calle 5ª (donde funciona ahora Comfenalco). (Y, ¿cómo no recordar el edificio del Batallón Pichincha, frente al Paseo Bolívar? No dejaremos de lamentar que no lo hubiesen conservado por un mal entendido concepto de “modernidad y progreso”…!!!)
Estaba el Amparo de Niñas en el lote que ahora ocupa el Hotel Intercontinental, terrenos que fueron objeto de una controversia entre el obispo Luis Adriano Díaz y la comunidad de los franciscanos, que fue fallado en Roma a favor de los últimos.
Hablando de los franciscanos: históricamente esa comunidad ha estado estrechamente ligada a la ciudad. Uno de sus integrantes fue el constructor del único puente que atravesaba el río Cali hasta bien entrado el siglo XX: el Puente Ortiz que lleva el nombre de quien ejecutó la obra que, aunque ha sufrido remodelaciones, conserva su esencia. Ellos fueron de los promotores del grito de independencia de las Ciudades Confederadas. Otro caso ligada a ellos es los recorridos que hacía un hermano lego cabresteando un burrito cargado con dos enormes canastos, que iba de casa en casa pidiendo alimentos para preparar la comida de los pobres que la  recibían  através de una ventanilla que aún se observa a un costado del convento de San Joaquín. Y la estatua de fray Damián González se levanta en  la mitad de la plazoleta de la gobernación.
Apeas empezaba la construcción del Hospital Departamental (hoy Hospital Universitario del Valle “Evaristo García”), únicamente existía el Hospital de San Juan de Dios, en el barrio San Nicolás , dependiente de la diócesis y fundado en el siglo XVIII por el francés Leonardo Sudrot de la Garda.
La educación de los caleños estaba a cargo de los colegios de Santa Librada (fundado por el general Santander), San Luis Gonzaga (de los hermanos Maristas que llegaron en 1894), que también contaban con el internado campestre Nuestra Señora de los Andes (Yanaconas) , el colegio Alemán ( donde ahora se encuentra la Biblioteca Departamental) , el Berchamans ( de los jesuitas) y el colegio Villegas. En formación técnica estaban el Instituto Antonio José Camacho y San Bosco. Y para las niñas eran el de la Sagrada Familia (con internado, en el Peñón), María Auxiliadora ( de las Salesianas) y el Liceo Benalcazar. Para la formación de las maestras estaba la Escuela Normal Superior  en edificio de la carrera 1ª cruce de la calle 15.Y un buen número de escuelas públicas tanto para niños como para niñas.  (Y cómo no recordar el kínder de Evita Riascos en su casa de la carrera 6ª al lado de la capilla de El Carmen).
En 1945 se fundó la que tomaría el nombre de Universidad del Valle. Ocupó las instalaciones del antiguo convento de San Agustín  que utilizaba el Colegio de Santa Librada y que quedó libre por su traslado al sur.(Es muy triste recordar que ese convento que se ubicaba en la carrera 4ª entre calles 13 y 14, hubiese sido demolido años después y reemplazado por un horrible edificio de parqueadero).
Prácticamente la totalidad de los tratamientos médicos era mediante formulas magistrales que los farmaceutas preparaban en las droguerías. La más conocida de las cuales era la Garcés que, además, vendía los más deliciosos helados servidos en mesa con mantel y en copas de cristal.
La empresa más importante eran los Ferrocarriles del Pacífico que luego de casi medio  siglo de construcción de la vía entre Buenaventura y Cali, al fin llegaron a la ciudad en 1916. Los empleos más apetecidos y mejor remunerados, eran los que ofrecían los ferrocarriles (lástima que la politiquería y la voracidad de los sindicatos hubiesen acabado con esa empresa que movilizó tanta carga y pasajeros y ofrecía servicios al alcance de todos los bolsillos desde asientos en vagones  de lujo de primera clase hasta bancas de los de tercera clase).
Calle estrechas en que el pavimento reemplazó el empedrado de la “calle real” (carrera 4ª)  y poco a poco abarcó otros puntos desde el centro hacia la periferia. Eran muy pocos los automóviles particulares cuyo número se había visto limitado por efecto de la Segunda Guerra Mundial. No había señalización de tránsito (pite y siga) ; un solo semáforo que instalaron en la esquina de la carrera  6ª con calle 12 y que nunca vi funcionar. Los automóviles de servicio público no contaban con taxímetros y se ubicaban en torno a los andenes del Parque de Caycedo. Todavía había el servicio de las victorias (carruajes tirados por caballos) que se utilizaban sobre todo para transporte el mercado desde la plaza de mercado (espacio que hoy ocupa el Palacio de Justicia) hasta los domicilios. Muy pocas motocicletas; las que había eran grandes  y pesadas, marca “Indian”. ( Ni a Julio Verne se le habría ocurrido soñar con el creciente enjambre que hoy inunda las calles de la ciudad…!!!)
Los teléfonos eran escasos y de manivela: había que llamar a la central para establecer la conexión. El medio de comunicación más rápido eran los telégrafos que funcionaban en el primer piso del Palacio Nacional. Y para el exterior era los cables como el “All American Cables & Radio” que tenía sus oficinas en el edificio de Coltabaco. Y las cartas se mandaban por medio de los Correos Nacionales o el que empezaba servicio aéreo.- No existían las cadenas de radio y las pocas emisoras que había eran de limitado alcance, todas en AM. Fue la época de esplendor de las radio novelas como  la cubana “El derecho de nacer”.
El servicio de energía era escaso e insuficiente;  los bombillos a duras penas medio alumbraban, casi igual que una vela. Hubo que esperar a la década siguiente cuando se inauguró la primera planta de Anchicayá. Por lo que para cocinar era en estufas que quemaban carbón de leña, que los campesinos traían desde los Farallones en escuálidos caballitos que podrían representar a Rocinante.(Era típica la forma abreviada como gritaban anunciando su producto : simplemente decían “bon”)
El transporte aéreo era desde el Guavito (donde está la Base Aérea Marco Fidel Suárez) y desde Calipuerto (donde hoy está Cavasa) a éste llegaban los aviones de Panagra (los “clíper”) que dio lugar a que empresarios norteamericanos que viajaban hacia el sur del continente, descubrieran a Cali y al Valle del Cauca y fueron factor de inversión en la década siguiente trayendo muchas de sus compañías y montando plantas propias. Los vuelos nacionales eran en vetustos DC3 que cuando pasaban por encima de La Línea eran estremecidos por las corrientes de aire.
Los domingos lo chic era ir a la misa mayor en la catedral , larga y tediosas, en latín ,  con el oficiante de espaldas a los feligreses , que pronunciaban sus sermones desde el púlpito hablando de lo divino y lo humano, con la pésima acústica  en que solo se lograba medio entender algo de lo que decían poniendo mucha atención. Las señoras casadas cubrían sus cabezas con mantillas de color negro y las solteras de color blanco  (una forma de anunciar que estaban disponibles). Luego salir a escuchar la retreta en el parque.
No era inusual que a las cinco de la mañana desfilara por las calles del casco antiguo la procesión, acompañada de músicos, llevando el Santísimo Sacramento  bajo palio para brindar la comunión a los enfermos. Las devotas iban con canastos cargados de pétalos que regaban en la medida que avanzaba la procesión. (Uno de los asiduos concurrentes a esos desfiles era un loquito místico conocido como Pachito Zorrilla, que era el encargado de recoger las limosnas en algunas de las misas de la catedral).
Los hombres adinerados, los profesionales, los comerciantes y, en general, lo que se tuvieran estima y cuidaban su imagen, vestían  trajes de paño de saco y corbata , colores oscuros, sombreros de pana    (algunos hasta con chalecos). Solo recuerdo dos casos en que se vestían con trajes blancos de lino. Y las mujeres vestidos de falda larga  (un pecado si mostraban las rodillas…!!!) y solo las más osadas y modernas, se ponían pantalones cuando iban de paseo. Nunca dentro de la ciudad.
La actividad comercial giraba en torno a almacenes como “Calero Hermanos” ( carrera 5ª calles 10 y 11) , el más lujoso ; el “Apolo” en los bajos del edificio Otero ; la Casa Víctor ; una pequeña sucursal de Almacenes Ley ( calle 11 entre 6 y 7 ) ; el almacén de telas de Fortunato Nader ; el almacén de Juan Santander en la carrera 5ª cerca del de Calero Hermanos ; el del “Chato” Buenaventura en la Plaza de Caycedo ; el almacén de Carvajal & Cia en la carrera 4ª esquina de la 13 ; las joyerías y relojerías  de los judíos como “Jeremías”, etc.
Hoteles estaban el Alférez Real, el Columbus, el Majestic y el Europa. Y el restaurante más lujoso era “La Palma” en la calle 12 mismo andén del teatro Jorge Isaac.
Siempre la diversión más popular, sin distingo de clases ha sido ir de paseo al río. Entonces al caudaloso río Cali con su pozo emblemático  de “El Charco del Burro” en que los más audaces  se trepaban a la roca saliente para clavar con el riesgo de que si no lo sabían hacer darse contra los racas del fondo y ser atrapados por el remolino que se formaba en esa gran curva del río. Y para un paseo más largo era ir al “lejano” Pance…( origen de los famosos paseos de olla).
El río solo lo atravesaban el puente Ortiz ( el primero y único durante muchos años) al cual se le fueron agregando, ya en el siglo XX, los de Santa Rosa           ( salida a la carretera al mar) ; Pedrones ( en el Peñón) ; el peatonal que unía a el Peñón con el Centenario; el de la Cervecería  ( calle 8ª) ; el España ( calle 11 ) y el Alfonso López ( calle 15 en donde estuvo el cuartel de los bomberos voluntarios).
El  puente colgante “Carlos Holguin” unía las dos orillas del río Cauca: Puerto Mallarino del lado de Cali y Juanchito de Candelaria. Era un puente colgante con piso de madera, de un solo carril, que se bamboleaba  al paso de los vehículos.
Los clubes sociales eran el Campestre ( quera era lejísimos...!!!) , el Colombia , el San Fernando y el de Tenis ( a la orilla izquierda del río Cali al pie del puente de la cervecería) .Y para las clases populares el club de ese nombre que quedaba en donde ahora está el Parque de Las Banderas.
Como no existían equipos de sonido diferentes a los gramófonos o radiolas, ni la energía disponible daba para algo más que una precaria iluminación, las fiestas que se celebraban en algunas de las casas particulares eran con orquestas. En la ciudad había como tres orquestas bien conformadas que eran las que animaban esas fiestas.
La industria más importante era la fábrica “La Garantía” de propiedad de europeo  Antonio Dishington  y otras como “Croydon del Pacífico” “Pastas La Muñeca” de Mariano Ramos; Laboratorios JGB ; Textiles El Cedro , Bavaria ,  representaban el incipiente inicio del desarrollo industrial que tendría su auge en la década siguiente.  
El estadio Pascual Guerrero solo contaba con unas  pequeñas graderías no mucho más grandes que las  que tienen hoy las de  los campos de entrenamiento de los equipos de futbol. Las carreras de caballos se realizaban el hipódromo de Versalles por los lados de la Avenida Estación (donde estuvieron los Almacenes Sears). Finalizando esta década, se abrió el Hipódromo de San Fernando, hoy centro de escenarios deportivos.
El primer gran acontecimiento de talla internacional que tuvo como escenario la ciudad fue la celebración del Congreso Eucarístico Bolivariano  en 1949, con la presencia del Delegado Papal, cardenal Clemente Mícara (bajito y gordito que fue tratado a cuerpo de rey por la sociedad caleña). Debería haberse realizado el año anterior, pero fue aplazado por los sucesos del “bogotazo”. Como recuerda queda el Templete y la custodia que se elaboró con las joyas donadas por las damas caleñas y hoy guardada en una bóveda del Banco de la República.
El veraneadero predilecto de los caleños era La Cumbre a donde se llegaba en  el tren. Luego empezó a tomar forma El Saladito poblándose hasta el Kilómetro 18 , recorridos que se hacían en las cabalgatas que iban hasta El Carmen , la Leonera y Pichindé.
El monumento más destacado era la estatua de Sebastián de Belalcazar, ubicado en la pendiente encima de la avenida Boyacá, próximo al Charco del Burro, que en solitario señalaba la ruta del mar; la de Simón Bolívar en el paseo de su nombre, copia de la de Tenerani de la Plaza de Bolívar de Bogotá; la del prócer Joaquín de Caycedo y Cuero; la de fray Damián González y el trashumante dedicado a Jorge Isaac.
Periódicos locales solo eran Diario del Pacífico de la familia Borrero Olano y Relator de la familia Zawazky.

                                                  Remembranzas.
                                                 José  David  Tenorio.
                                                 Cali, Enero de  2018  

viernes, 30 de diciembre de 2016

Historia de la Feria de Cali

Comparto este excelente video, dándole el debido crédito a su autor:

Video elaborado y producido por: Luisfer Martínez, para la página:


www.facebook.com/nostlagiasdesantiagodecali


miércoles, 18 de septiembre de 2013

Fotos Cali viejo-1

Aquí otras fotos del recuerdo de nuestra linda ciudad de Cali.


Año 1984, la glorieta que conecta la Avenida Vasquez Cobo, la calle 25, la Avenida de las Américas y la Avenida Tercera Norte, al fondo la Estación del Ferrocarril. 

Charco en el río Cali

La Ermita, al fondo el Puente Ortiz y el Edificio de Coltabaco.

Año 1960. La Ermita, con el Hotel Alferez Real.

Sebastián de Belalcazar dominando el paisaje, sobre la Avenida Belalcazar una recua de mulas llevando materiales hacia la portada.

El Teatro al Aire Libre los cristales en sus inicios.

Panorámica del demolido Edificio Gutierrez o Antiguo Edificio del Correo, en pleno Paseo Bolívar, justo al terminar el Puente Ortiz y a orilla del Río Cali, en la Década del 60.

lunes, 17 de septiembre de 2012

El Pan del Bono

Pandebono

 

Por : Germán Patiño

Tomado del Diario "El País" septiembre 17 de 2012

Edouard Andrê fue un naturalista francés que visitó la Nueva Granada a mediados del Siglo XIX y dejó sus testimonios en un bello libro en el que sobresalen algunos grabados de delicado trazo.
En el valle del río Cauca, recorriendo el camino entre Cali y Buenaventura, se detuvo a la altura de Papagayeros (Dagua), atraído por un horno de leña en el que se asaban unos panes de maíz que eran consumidos como golosinas. El horno quedaba en la hacienda El Bono y se había convertido en parada obligada de los arrieros que salían de Cali por la madrugada para dirigirse a Buenaventura, llamados por los aromas que exhalaba aquel pan recién horneado.
Pan del Bono lo llamaban y pronto extendió su fama por toda la región. Es nuestro pandebono, uno de los grandes panes de maíz de las Américas y, sin duda, una de las joyas de la panadería colombiana. Aunque Andrè no nos entregó las precisiones de su preparación, ella se extendió por el Valle en boca de viejas cocineras y se convirtió en símbolo de la cocina tradicional vallecaucana. Luciano Rivera y Garrido lo confirma en su libro ‘Impresiones y recuerdos’ al referirse al pandebono como “un pan de maíz y queso que preparaban en la hacienda Bono”.
Desde aquí se regó por el resto de país y hoy se lo consigue en todas partes, desde Pasto hasta Cartagena. Pero pocos parecen saber que ese pandebono que hoy consumimos no es el viejo pan artesanal de la hacienda El Bono, sino una versión modificada que apenas recuerda al tesoro de la tradición que nos legaron nuestros antepasados.
Ni siquiera en Cali, donde se le canta y baila, se consume buen pandebono. Aquí tenemos una versión industrial que no utiliza el maíz que es, ni tampoco el queso, con lo que hemos terminado por imponer una mala versión de ese símbolo de nuestra cocina tradicional. Lo hemos pervertido todo, hasta nuestra cocina.
No hace mucho, una reportera de El País entrevistó a dos ancianas de Dagua que aún preparan el pandebono como se lo enseñaron sus abuelas. Maíz curado y molido, almidón de yuca, queso fresco de leche entera, sal, un tris de azúcar y huevo. En las panaderías lo hacen con harina industria de maíz, queso costeño, almidón de yuca y agua. En algunos casos hasta omiten la harina de maíz.
También se lo consigue según la tradición en San Pedro y, lo supe recientemente, en Guacarí, donde se lo prepara con maíz curado de 8 días, queso cuajada fresco, almidón de yuca, azúcar, sal, leche y huevo. Supongo que habrá otros sitios en nuestra región donde también lo hagan como es. Pero son los menos, mientras los más nos ofrecen una versión desnaturalizada e inferior.
Puedo asegurar que quien haya probado el pandebono artesanal auténtico del Valle del Cauca no podrá soportar los sustitutos industriales de las grandes panaderías.
Por ahora hay que hacerlo en casa, para evitar perversiones. Y pugnar porque se lo prepare según nos lo legaron, pues es parte de nuestro patrimonio cultural, lo más preciado que tenemos. La cocina tradicional es perfecta, inmejorable, pues resume los conocimientos de varias generaciones. Un solo ingrediente que se modifique basta para que todo salga mal.
Quien pierde la tradición pierde el alma. Sólo le queda el pellejo. Si ésto pasa con el pandebono, ¿Qué no pasará con otros bienes de los que sabemos menos?

lunes, 2 de julio de 2012

Fotos Cali viejo

A continuación algunas fotos del Cali viejo:

Kiosko-Parque Caicedo


Catedral- Parque de Caicedo



Plaza de Caicedo


Teatro Colón


Esquina del Teatro Municipal


sábado, 5 de mayo de 2012

Valle del Cauca en 1935 y 1925

Una verdadera joya! Restaurado por la " Fundación Patrimonio Fílmico de Colombia", esta bella película es un testimonio de cómo era Cali y el Valle. La primera parte de la película es una filmación de 1935 y la segunda de 1925.

También nos muestra el Valle del Cauca de épocas pasadas, el Puente Ortiz, antes de la remodelación centenaria (1936); el Paseo Bolívar y la Estatua de Bolívar, de Tenerani; parte del Batallón Pichincha; la Plaza de Caycedo; la construcción del Palacio Nacional y del Hotel Europa; el río Cali,  la puerta del Convento de San Agustín, en la carrera 4 (Colegio de Santa Librada, hoy un parqueadero "verde).

El puente giratorio sobre el río Cauca y uno de los últimos vapores que navegaban regularmente entre Cali y La Virginia (Caldas/Risaralda, la navegación terminó hacia los años 30) ; sin mencionar a Palmira, Buga y Tuluá y además uno de los primeros Ingenios donde se trabaja la caña de azucar.