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miércoles, 31 de enero de 2018

Así era Cali (1940 / 1950)

Autor: José David Tenorio


En días pasados, en la sala de espera de un consultorio odontológico tuve la oportunidad de ojear un hermoso libro de gran formato, tapa dura, fotografías a todo color y textos bilingües, llamado “Así es Cali”. Durante un rato pude recorrer parte de su contenido y casi descubrir una ciudad que ahora  desconozco al punto de no poder identificar muchos de los lugares retratados desde el aire.
Me vino a la memoria lo que me dijo, hará veinte años, un francés, directivo de una multinacional, que había vivido aquí y retornado al cabo de los años : “esta ciudad está creciendo como los hongos”. Con lo que significaba un gran desarrollo urbano, pero desordenado (¿qué tal que la viera como está hoy? ¿ Con qué la compararía) . Pero también al ver las imágenes de ese libro me hizo retrotraer a mi infancia y juventud y traerme los recuerdos de esa Cali que se fue.
Si en 1950  a duras penas, alcanzaba los doscientos ochenta mil habitantes, cuántos menos en 1940.  Primer impacto frente a los dos millones setecientos mil de ahora. Antes desordenada; ahora caótica.
En esa década empezaron  a consolidarse los barrios al otro lado del río, primero el Granada y luego el Centenario. Y  al final, Versalles, en donde se abrió la Clínica de Occidente, la segunda privada después de la Garcés fundada en los veintes. Se conservaron casi la totalidad de las casonas de la zona céntrica que venían desde la colonia y al barrio popular de San Nicolás (conocido durante la colonia como “El Vallano”) se agregaron El Calvario, San Pascual, Sucre, Belalcazar, Obrero. Y para los obreros del Ferrocarril, La Campiña a continuación de los talleres de Chipichape. Y hacia el sur la compañía gringa había organizado en los treinta  el barrio de San Fernando (San Fernando Viejo) que quedaba extramuros de la ciudad.
Eran pocos los edificios. En el marco de la plaza de Caycedo solo estaban el Edificio Otero, el Palacio Nacional , el Episcopal ( construido por monseñor Luis Adriano Díaz, segundo obispo de Cali), y el edificio Hormaza en la esquina de la carrera 5ª con calle 11,  y, por supuesto la Catedral. También el edificio Pielroja y el edificio Garcés. Otro el edificio Calero en la esquina de la carrera 6ª con la calle 9ª  (calle de por medio con la Torre Mudéjar). Y, finalizando los 40 el edificio del Hotel Columbus que luego se incorporó al complejo del Hotel Aristi. Igualmente estaban los teatros Municipal y Jorge Isaac. Iglesias fuera de la catedral, San Francisco con su convento de San Joaquín, La Merced, la Capilla de San Antonio, San Nicolás y la Ermita. Y la capillita de El Carmen, anexa al convento de las Carmelitas Descalzas de la calle 5ª (donde funciona ahora Comfenalco). (Y, ¿cómo no recordar el edificio del Batallón Pichincha, frente al Paseo Bolívar? No dejaremos de lamentar que no lo hubiesen conservado por un mal entendido concepto de “modernidad y progreso”…!!!)
Estaba el Amparo de Niñas en el lote que ahora ocupa el Hotel Intercontinental, terrenos que fueron objeto de una controversia entre el obispo Luis Adriano Díaz y la comunidad de los franciscanos, que fue fallado en Roma a favor de los últimos.
Hablando de los franciscanos: históricamente esa comunidad ha estado estrechamente ligada a la ciudad. Uno de sus integrantes fue el constructor del único puente que atravesaba el río Cali hasta bien entrado el siglo XX: el Puente Ortiz que lleva el nombre de quien ejecutó la obra que, aunque ha sufrido remodelaciones, conserva su esencia. Ellos fueron de los promotores del grito de independencia de las Ciudades Confederadas. Otro caso ligada a ellos es los recorridos que hacía un hermano lego cabresteando un burrito cargado con dos enormes canastos, que iba de casa en casa pidiendo alimentos para preparar la comida de los pobres que la  recibían  através de una ventanilla que aún se observa a un costado del convento de San Joaquín. Y la estatua de fray Damián González se levanta en  la mitad de la plazoleta de la gobernación.
Apeas empezaba la construcción del Hospital Departamental (hoy Hospital Universitario del Valle “Evaristo García”), únicamente existía el Hospital de San Juan de Dios, en el barrio San Nicolás , dependiente de la diócesis y fundado en el siglo XVIII por el francés Leonardo Sudrot de la Garda.
La educación de los caleños estaba a cargo de los colegios de Santa Librada (fundado por el general Santander), San Luis Gonzaga (de los hermanos Maristas que llegaron en 1894), que también contaban con el internado campestre Nuestra Señora de los Andes (Yanaconas) , el colegio Alemán ( donde ahora se encuentra la Biblioteca Departamental) , el Berchamans ( de los jesuitas) y el colegio Villegas. En formación técnica estaban el Instituto Antonio José Camacho y San Bosco. Y para las niñas eran el de la Sagrada Familia (con internado, en el Peñón), María Auxiliadora ( de las Salesianas) y el Liceo Benalcazar. Para la formación de las maestras estaba la Escuela Normal Superior  en edificio de la carrera 1ª cruce de la calle 15.Y un buen número de escuelas públicas tanto para niños como para niñas.  (Y cómo no recordar el kínder de Evita Riascos en su casa de la carrera 6ª al lado de la capilla de El Carmen).
En 1945 se fundó la que tomaría el nombre de Universidad del Valle. Ocupó las instalaciones del antiguo convento de San Agustín  que utilizaba el Colegio de Santa Librada y que quedó libre por su traslado al sur.(Es muy triste recordar que ese convento que se ubicaba en la carrera 4ª entre calles 13 y 14, hubiese sido demolido años después y reemplazado por un horrible edificio de parqueadero).
Prácticamente la totalidad de los tratamientos médicos era mediante formulas magistrales que los farmaceutas preparaban en las droguerías. La más conocida de las cuales era la Garcés que, además, vendía los más deliciosos helados servidos en mesa con mantel y en copas de cristal.
La empresa más importante eran los Ferrocarriles del Pacífico que luego de casi medio  siglo de construcción de la vía entre Buenaventura y Cali, al fin llegaron a la ciudad en 1916. Los empleos más apetecidos y mejor remunerados, eran los que ofrecían los ferrocarriles (lástima que la politiquería y la voracidad de los sindicatos hubiesen acabado con esa empresa que movilizó tanta carga y pasajeros y ofrecía servicios al alcance de todos los bolsillos desde asientos en vagones  de lujo de primera clase hasta bancas de los de tercera clase).
Calle estrechas en que el pavimento reemplazó el empedrado de la “calle real” (carrera 4ª)  y poco a poco abarcó otros puntos desde el centro hacia la periferia. Eran muy pocos los automóviles particulares cuyo número se había visto limitado por efecto de la Segunda Guerra Mundial. No había señalización de tránsito (pite y siga) ; un solo semáforo que instalaron en la esquina de la carrera  6ª con calle 12 y que nunca vi funcionar. Los automóviles de servicio público no contaban con taxímetros y se ubicaban en torno a los andenes del Parque de Caycedo. Todavía había el servicio de las victorias (carruajes tirados por caballos) que se utilizaban sobre todo para transporte el mercado desde la plaza de mercado (espacio que hoy ocupa el Palacio de Justicia) hasta los domicilios. Muy pocas motocicletas; las que había eran grandes  y pesadas, marca “Indian”. ( Ni a Julio Verne se le habría ocurrido soñar con el creciente enjambre que hoy inunda las calles de la ciudad…!!!)
Los teléfonos eran escasos y de manivela: había que llamar a la central para establecer la conexión. El medio de comunicación más rápido eran los telégrafos que funcionaban en el primer piso del Palacio Nacional. Y para el exterior era los cables como el “All American Cables & Radio” que tenía sus oficinas en el edificio de Coltabaco. Y las cartas se mandaban por medio de los Correos Nacionales o el que empezaba servicio aéreo.- No existían las cadenas de radio y las pocas emisoras que había eran de limitado alcance, todas en AM. Fue la época de esplendor de las radio novelas como  la cubana “El derecho de nacer”.
El servicio de energía era escaso e insuficiente;  los bombillos a duras penas medio alumbraban, casi igual que una vela. Hubo que esperar a la década siguiente cuando se inauguró la primera planta de Anchicayá. Por lo que para cocinar era en estufas que quemaban carbón de leña, que los campesinos traían desde los Farallones en escuálidos caballitos que podrían representar a Rocinante.(Era típica la forma abreviada como gritaban anunciando su producto : simplemente decían “bon”)
El transporte aéreo era desde el Guavito (donde está la Base Aérea Marco Fidel Suárez) y desde Calipuerto (donde hoy está Cavasa) a éste llegaban los aviones de Panagra (los “clíper”) que dio lugar a que empresarios norteamericanos que viajaban hacia el sur del continente, descubrieran a Cali y al Valle del Cauca y fueron factor de inversión en la década siguiente trayendo muchas de sus compañías y montando plantas propias. Los vuelos nacionales eran en vetustos DC3 que cuando pasaban por encima de La Línea eran estremecidos por las corrientes de aire.
Los domingos lo chic era ir a la misa mayor en la catedral , larga y tediosas, en latín ,  con el oficiante de espaldas a los feligreses , que pronunciaban sus sermones desde el púlpito hablando de lo divino y lo humano, con la pésima acústica  en que solo se lograba medio entender algo de lo que decían poniendo mucha atención. Las señoras casadas cubrían sus cabezas con mantillas de color negro y las solteras de color blanco  (una forma de anunciar que estaban disponibles). Luego salir a escuchar la retreta en el parque.
No era inusual que a las cinco de la mañana desfilara por las calles del casco antiguo la procesión, acompañada de músicos, llevando el Santísimo Sacramento  bajo palio para brindar la comunión a los enfermos. Las devotas iban con canastos cargados de pétalos que regaban en la medida que avanzaba la procesión. (Uno de los asiduos concurrentes a esos desfiles era un loquito místico conocido como Pachito Zorrilla, que era el encargado de recoger las limosnas en algunas de las misas de la catedral).
Los hombres adinerados, los profesionales, los comerciantes y, en general, lo que se tuvieran estima y cuidaban su imagen, vestían  trajes de paño de saco y corbata , colores oscuros, sombreros de pana    (algunos hasta con chalecos). Solo recuerdo dos casos en que se vestían con trajes blancos de lino. Y las mujeres vestidos de falda larga  (un pecado si mostraban las rodillas…!!!) y solo las más osadas y modernas, se ponían pantalones cuando iban de paseo. Nunca dentro de la ciudad.
La actividad comercial giraba en torno a almacenes como “Calero Hermanos” ( carrera 5ª calles 10 y 11) , el más lujoso ; el “Apolo” en los bajos del edificio Otero ; la Casa Víctor ; una pequeña sucursal de Almacenes Ley ( calle 11 entre 6 y 7 ) ; el almacén de telas de Fortunato Nader ; el almacén de Juan Santander en la carrera 5ª cerca del de Calero Hermanos ; el del “Chato” Buenaventura en la Plaza de Caycedo ; el almacén de Carvajal & Cia en la carrera 4ª esquina de la 13 ; las joyerías y relojerías  de los judíos como “Jeremías”, etc.
Hoteles estaban el Alférez Real, el Columbus, el Majestic y el Europa. Y el restaurante más lujoso era “La Palma” en la calle 12 mismo andén del teatro Jorge Isaac.
Siempre la diversión más popular, sin distingo de clases ha sido ir de paseo al río. Entonces al caudaloso río Cali con su pozo emblemático  de “El Charco del Burro” en que los más audaces  se trepaban a la roca saliente para clavar con el riesgo de que si no lo sabían hacer darse contra los racas del fondo y ser atrapados por el remolino que se formaba en esa gran curva del río. Y para un paseo más largo era ir al “lejano” Pance…( origen de los famosos paseos de olla).
El río solo lo atravesaban el puente Ortiz ( el primero y único durante muchos años) al cual se le fueron agregando, ya en el siglo XX, los de Santa Rosa           ( salida a la carretera al mar) ; Pedrones ( en el Peñón) ; el peatonal que unía a el Peñón con el Centenario; el de la Cervecería  ( calle 8ª) ; el España ( calle 11 ) y el Alfonso López ( calle 15 en donde estuvo el cuartel de los bomberos voluntarios).
El  puente colgante “Carlos Holguin” unía las dos orillas del río Cauca: Puerto Mallarino del lado de Cali y Juanchito de Candelaria. Era un puente colgante con piso de madera, de un solo carril, que se bamboleaba  al paso de los vehículos.
Los clubes sociales eran el Campestre ( quera era lejísimos...!!!) , el Colombia , el San Fernando y el de Tenis ( a la orilla izquierda del río Cali al pie del puente de la cervecería) .Y para las clases populares el club de ese nombre que quedaba en donde ahora está el Parque de Las Banderas.
Como no existían equipos de sonido diferentes a los gramófonos o radiolas, ni la energía disponible daba para algo más que una precaria iluminación, las fiestas que se celebraban en algunas de las casas particulares eran con orquestas. En la ciudad había como tres orquestas bien conformadas que eran las que animaban esas fiestas.
La industria más importante era la fábrica “La Garantía” de propiedad de europeo  Antonio Dishington  y otras como “Croydon del Pacífico” “Pastas La Muñeca” de Mariano Ramos; Laboratorios JGB ; Textiles El Cedro , Bavaria ,  representaban el incipiente inicio del desarrollo industrial que tendría su auge en la década siguiente.  
El estadio Pascual Guerrero solo contaba con unas  pequeñas graderías no mucho más grandes que las  que tienen hoy las de  los campos de entrenamiento de los equipos de futbol. Las carreras de caballos se realizaban el hipódromo de Versalles por los lados de la Avenida Estación (donde estuvieron los Almacenes Sears). Finalizando esta década, se abrió el Hipódromo de San Fernando, hoy centro de escenarios deportivos.
El primer gran acontecimiento de talla internacional que tuvo como escenario la ciudad fue la celebración del Congreso Eucarístico Bolivariano  en 1949, con la presencia del Delegado Papal, cardenal Clemente Mícara (bajito y gordito que fue tratado a cuerpo de rey por la sociedad caleña). Debería haberse realizado el año anterior, pero fue aplazado por los sucesos del “bogotazo”. Como recuerda queda el Templete y la custodia que se elaboró con las joyas donadas por las damas caleñas y hoy guardada en una bóveda del Banco de la República.
El veraneadero predilecto de los caleños era La Cumbre a donde se llegaba en  el tren. Luego empezó a tomar forma El Saladito poblándose hasta el Kilómetro 18 , recorridos que se hacían en las cabalgatas que iban hasta El Carmen , la Leonera y Pichindé.
El monumento más destacado era la estatua de Sebastián de Belalcazar, ubicado en la pendiente encima de la avenida Boyacá, próximo al Charco del Burro, que en solitario señalaba la ruta del mar; la de Simón Bolívar en el paseo de su nombre, copia de la de Tenerani de la Plaza de Bolívar de Bogotá; la del prócer Joaquín de Caycedo y Cuero; la de fray Damián González y el trashumante dedicado a Jorge Isaac.
Periódicos locales solo eran Diario del Pacífico de la familia Borrero Olano y Relator de la familia Zawazky.

                                                  Remembranzas.
                                                 José  David  Tenorio.
                                                 Cali, Enero de  2018  

sábado, 7 de agosto de 2010

Hiroshima y Nagasaki

Por: Gloria Vejarano T.
Sesenta y cinco años de la tragedia: Agosto 6 de 1945- agosto 6 de 2010



La bomba nuclear Litte Boy fue lanzada desde un avión, el Enola Gay, el lunes 6 de agosto de 1945, a las 8:15 a.m. Una segunda bomba, la Fat Man se lanzó tres días después el 9 de agosto de 1945, sobre Nagasaki. Ataques autorizados por el presidente de Estados Unidos, Harry Truman. Estos ataques llevaron a que se terminara la guerra, pues los japoneses decidieron rendirse el 15 de agosto.
Nada justifica haberle provocado la muerte instantánea a por lo menos 180.000 civiles inocentes que no eran soldados ni formaban parte de un objetivo militar. Dolor que permanece en los corazones del mundo entero.

Decenas de personas guardaron un minuto de silencio en memoria de las víctimas de la bomba atómica.Agosto 6 de 2010.

martes, 8 de junio de 2010

OMAR RAYO HA PARTIDO



Por: Gloria Vejarano T.
Mi primer encuentro con la obra del maestro Rayo, fue a muy temprana edad. Se colgaba la muestra del Festival de Arte en el edificio del Conservatorio de Cali, y mi madre me llevó de la mano a verla. Tendría yo a lo sumo seis años. Lo recuerdo muy bien. Era una muestra colectiva como las que se hacían en esos festivales para incentivar a todos los pintores colombianos. Llegamos mi hermano y yo cogidos de la mano uno a cada lado de nuestra progenitora. El sitio era muy agradable, muy acogedor, a pesar de mi corta estatura así lo percibía. Nos detuvimos en algunos cuadros del primer salón, y luego pasamos al pasillo, el que está ubicado mirando hacia el CAM. Que espectáculo, un gran cuadro de Rayo estaba colocado en la mitad del salón, se podía observar desde todos los ángulos: y no era para menos, el sentido de tercera dimensión que ha usado siempre el artista, fue respetado por el curador de la exposición, para producir ese impacto en el visitante: estábamos parados realmente en un cuadro cuyo efecto era mostrar la tercera dimensión, pero pintado solamente en dos dimensiones! Aunque yo no podía racionalizar este efecto, la impresión que me causó fue profunda. Omar Rayo ha jugado siempre con la luz y la sombra. El efecto de la sombra lo ha perseguido siempre, desde muy niño, cuando trató de reproducir la sombra de su perro sobre una pared en su casa de Roldanillo, usando un carbón de leña como lápiz. Como él mismo lo dijo: “Descubrir la luz y la sombra me hizo un pintor. El fenómeno virtual que produce la sombra o el sombreado, la ilusión del volumen y la iluminación de las formas, es un hecho en mi pintura”.



La admiración por el artista la he mantenido siempre. Años más adelante visité su museo en Roldanillo, la tierra que lo vio nacer y a quien le rindió este homenaje. El museo se ha convertido en el símbolo de la localidad, y orgullo de sus conciudadanos. El museo se inauguró en 1981, inspirado en diseños mayas, consta de ocho módulos octogonales en forma de L, su diseño es del arquitecto mexicano Leopoldo Gout, quien donó los planos como contribución al proyecto. Es una obligación conocerlo.

Nos queda su obra: sus nudos, sus cintas, su recuerdo colgado de muchos museos alrededor del mundo. Que su ejemplo perdure en la memoria!

viernes, 22 de enero de 2010

COFRE DEL TIEMPO


Por: Gloria Vejarano T.

En una plaza de Madrid, han encontrado un “Cofre del tiempo”. El hallazgo hecho por casualidad mientras unos obreros cavaban debajo del monumento de Cervantes, ha dejado a la vista diferentes documentos y objetos que datan de 1834. El afortunado encuentro ha puesto a las autoridades de la ciudad a pensar, que una vez abierto el cofre, se debe reponer por uno nuevo, para que cuando el hallazgo se repita –vaya uno a saber dentro de cuantos miles de años- los nuevos ocupantes de este planeta sepan como vivían sus antepasados. El concurso que se abrirá por Internet, propone a todos los ciudadanos de la municipalidad aporten sus ideas.
Esto me pone a cavilar qué incluiría yo dentro del nuevo cofre, pensando en dar una buena idea del mundo actual a los futuros habitantes: Planos de las principales ciudades del mundo con fotos incluidas, y además dibujos realizados a lápiz (no sea que algún hongo extraño ataque nuestras impecables fotos y acabe con ellas); plano y un modelo a escala de los satélites artificiales que se han lanzado al espacio; plano y forma de elaborar una casa básica, con elementos extraídos de la tierra, tales como ladrillos y arena, nada de panel-yeso, no sea que en una futura explosión terrestre no queden ni rastros de cómo fabricarlo. También modelos en tercera dimensión de cómo lucimos los seres humanos actuales, pensando que con tanto cruce genético hayamos cambiado en tal proporción la especie, que los de ahora parezcamos unos especímenes de la era paleolítica parientes lejanos de los que habiten en ese momento.
Igualmente pondría un calendario, idea que sigue vigente ya que los de 1834 nos dejaron uno. Un computador (ordenador para los madrileños) con gran capacidad de memoria para incluir cuanto dato estadístico tengamos a mano, como por ejemplo el índice poblacional por país, por año, por década, etc. Un mapamundi para mostrar nuestra geografía básica acompañados de fotos, ilustraciones, video y cámara reproductora de nuestros glaciares y zonas polares (de lo cual ya no debe quedar ni la muestra). Que tal muñecos en plástico que reproduzcan los animales más grandes de la tierra, como osos, ballenas, elefantes, dromedarios? Serían dignos de museo.

lunes, 18 de enero de 2010

Kseniya Simonova


Kseniya Simonova es una artista que trabaja con la arena . En 2009 ganó el concuro Ucraniano de Talentos “Ukraine's Got Talent”, en donde hizo una de sus famosas pinturas sobre la ocupación a Ucrania durante la segunda guerra mundial.
Kseniya solamente usa un vidrio sobre el cual se coloca arena, la cual ella va transformando en una verdadera obra de arte, solo usando sus manos. La obra va tomando vida y a cada momento se transforma. Es una verdadera maravilla ver esta creación.
Es un artista muy joven, nació en 1985. En este concurso se ha hecho acreedora a 1.000.000 Hryvnias ucraninanos (cerca de USD125.000). Realmente muy justa la decisión del jurado.
Los invito a ver el video.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Treinta años del primer campeonato del América de Cali


Por: Gloria Vejarano T.

Diecinueve de diciembre de mil novecientos setenta y nueve. Hoy se cumplen 30 años de una fecha histórica para la ciudad de Cali, el día en que el Club Deportivo América logró por primera vez coronarse campeón de un torneo de futbol nacional.
Esta estrella fuertemente luchada y muy merecida, llegó por fin a las anheladas manos del equipo después de 31 años de constituirse en equipo profesional. Pero más que a las manos del equipo, llegó a las manos de los hinchas, quienes plenos de furor, vestidos de rojo de pies a cabeza, llevando pancartas, pitos, y trompetas se tomaron no solo el Estadio Pascual Guerrero sino la ciudad entera por su cuenta.
En este festejo no hubo distinción de género porque las mujeres se emparejaron con los hombres y de igual a igual salieron a gritar y a celebrar por la ciudad. Como ya lo manifesté, esta celebración fue todo un hecho histórico: nadie que vivió en esta ciudad ese día lo podrá olvidar. Ríos humanos celebrando sobre la Avenida Sexta, la Calle quinta atiborrada, esto fue un carnaval nunca visto, ni siquiera las Famosas Ferias de Cali han agolpado tanta gente. Las serpentinas y los confetis bañaron la ciudad, las filas de carros colmados de personas gritando y festejando formaron verdaderos trancones por horas. Se habla de que los hospitales se congestionaron con personas infartadas ante la noticia, pues muchos hinchas no pudieron soportar la tensión ejercida durante tantos años, y que ahora por fin, lograran su cometido, en este inolvidable diecinueve.
Pero qué había detrás de esta hinchada? Por qué tanta bulla? Por qué tanta celebración? Nada más ni nada menos que la “Maldición de garabato” según la cual el equipo jamás quedaría campeón. Garabato, un antiguo socio del club, cuyo verdadero nombre era Benjamín Urrea, odontólogo de profesión, lo apodaban así debido a su apariencia física. Urrea era un convencido de que el futbol era simplemente una disciplina, una pasión, un ejercicio físico y mental para los adoradores de este deporte, pero nunca estuvo de acuerdo con que se inscribiera el equipo en las ligas profesionales. El día que la junta directiva, del que él era miembro, decidió inscribir el club como equipo profesional, salió enfurecido de la reunión vaticinando "Que lo vuelvan profesional, que hagan del América lo que quieran pero juro por Dios que nunca serán campeones..." Esta maldición pesó sobre sus seguidores, quienes llenaban cada ocho días el estadio para apoyar a su equipo. Pensaban que su apoyo era más grande que la maldición, y ese día después de tantos años de lucha lo lograron! De allí los gritos, la bulla, los infartados y todo lo que pasó!
Además de la maldición algunos jugadores pensaban que el morrocoy era el emblema que llevaban en la camiseta, ya que el equipo adoptó como propio la imagen del diablo con cachos, cola y tridente, el cual fue retirado por el Club en 1992, pero recuperado a partir de 1997, aduciendo que solo es una imagen que simboliza que los jugadores juegan como diablos.
Pero la apoteósica celebración en la que el pueblo de Cali agradeció a sus jugadores el haber desterrado por siempre la maldición de garabato y el jolgorio y colorido del que se vistió la ciudad es algo que quedará inscrito por siempre en nuestra memoria colectiva.